21.8.10

La Confitería del Molino, testigo hitórico del último siglo, aún aguarda su recuperación



En pleno centro de la ciudad, el deterioro de la añorada Confitería del Molino espera en silencio poder volver a recibir a los que alguna vez se asombraron por su belleza. Es que el Molino, fue más que un simple café, fue epicentro de debates políticos, pasarela de grandes figuras y anfitrión de más de un romántico encuentro.


En 1850, funcionaba en la esquina de Federación y Garantías (actualmente Rivadavia y Rodríguez Peña) la “Confitería del Centro”, inaugurada por Constantino Rossi y el prestigioso pastelero italiano Gaetano Brenna. Sin embargo, la presencia del primer molino harinero que se instaló en la zona sirvió de punto de referencia y provocó el cambio de nombre por el de "Antigua Confitería del Molino". Daniel Balmaceda, periodista e historiador cuenta cómo llegó a su actual ubicación: “Al iniciarse en 1906 la construcción de la Plaza del Congreso, los negocios de los alrededores fueron remodelados, con vistas a los festejos del Centenario”. La Confitería del Molino se construyó entre 1914 y 1917 en la esquina de Rivadavia y Callao, y estuvo a cargo del arquitecto italiano Francesco Teresio Gianotti, haciéndola un ejemplo de la arquitectura del estilo "art nouveau". Balmaceda remarca su importancia en aquél entonces: “No era una confitería para la sociedad, la gente solía ir a la Richmond o al Plaza, pero en la Confitería del Molino había una gran cantidad de intelectuales jóvenes, y muchos políticos, por su cercanía al Congreso. Alfredo Palacios y José Ingenieros, habitués comensales, se deleitaban con el marrón glacé y el panettone de castañas, especialidad de la casa. “Sí formaba parte del circuito turístico, pero no era la favorita de la sociedad de ese entonces. Cuando una visita relevante llegaba al país, como el Príncipe de Gales en 1927, se la hacía conocer”, rescata el historiador.


El golpe de estado de 1930 hizo que la Confitería perdiera ese protagonismo que la caracterizaba. “La revolución de septiembre de ese año la destrozó, ya que desde los pisos de arriba le disparaban a policías y para tomar esa parte del edificio, ingresaban a la fueza”.


Luego de ser reconstruída, en 1938 falleció Brenna y el negocio pasó por varias manos, hasta que los nietos de Cayetano Brenna compraron la confitería y, con algunas modificaciones (incluyen un salón bar y un mostrador para comidas rápidas, siempre respetando la arquitectura del edificio), logran mantenerlo, hasta 1997, cuando fue cerrado definitivamente al público.


Varias confiterías históricas de la ciudad fueron reconstruídas, como el Café de los Angelitos o la Confitería Las Violetas, pero ésta sigue siendo ignorada. Desde hace algunos años, diferentes proyectos en la Legislatura Porteña y la Cámara de Diputados han abordado el deterioro de la confitería. Ahora desde la Unión Cívica Radical proponen crear un centro cultural que llevaría el nombre de Raúl Alfonsín. Por su parte, la Coalición Cívica también impulsa un proyecto para expropiar el subsuelo, las dos primeras plantas del edificio y también el nombre. “Sé que hay problemas con la sucesión de gobiernos, no se sabe quién se hace cargo. El presupuesto para su reparación es muy elevado y lo siguen posponiendo. El Gobierno de la Ciudad debe acordar con los dueños para ver qué parte pone cada uno”, remata Balmaceda.

19.8.10

De "Carasucias", sólo el mote

El hogar de la calle Lisandro de la Torre al 1900 no se parece en nada a lo que había imaginado. Un comedor enorme donde 65 nenes y nenas se sientan a ver los dibujitos con un plato caliente de comida enfrente de sus naricitas. Gritos, agua que se vuelca, sillas que se corren, tal cual como en cualquier casa.

Sharon tiene 10 años y una innata espontaneidad. Nos invita a pasear como “dueña” de esta gran casa. El primer piso está pintado íntegramente de rosa. Acá los colores marcan los géneros. Camas cuchetas de madera de pino y placares inmensos con ropa donada por los voluntarios que va pasando de los más grandes a los más chicos.

Un jardín de infantes para los que todavía no van a la primaria, el pizarron reza “ser capaz de prestarse atención a uno mismo, es requisito para tener capacidad de prestar atención a los demás”, E. From. Me soprendo.

La escalera fue diseñada especialmente por Mónica. Ella se imaginaba inmensos escalones de madera para que los chicos suban y bajen tantas veces como quieran. Escalones tan brillantes como la mirada que tiene en esa foto colgada en el pasillo que conduce al segundo piso pintado de un celeste claro; acá el mando lo tienen ellos.

De repente, un aroma a guiso de lentejas sube hasta los cuartos. Ruidos de platos y cubiertos. La cena está servida. Se respira tranquilidad a pesar del griterio, unos piden más, otros quieren comer otra cosa. LLega el postre, una mandarina ya pelada para cada uno.

Ezequiel acaba de cumplir un año y tiene una de las sonrisas más sanas y hermosas que he visto en mi vida. Me mira, se ríe y se refriega los gaguitos de la fruta por su pequeña boquita. Vuelve a reirse y escupe las semillitas una por una. Me pide agua como si me conociese de siempre. No tiene prejuicios, sólo necesidad.

El hogar que tanta veces anheló Mónica Carranza por fin está terminado. El próximo mes lo inauguran. Mariela, una de las encargadas del lugar me dice “este era el sueño de Mónica, ella nunca tuvo otro objetivo más que ayudar a los que más lo necesitaban”.

Mónica Carranza murió el 28 de diciembre del año pasado. Por más de dos décadas dio de comer a chicos y grandes sin distinción alguna, simplemente con la condición de aquellos que lo necesitaban.

18.8.10

La actividad física al aire libre es la nueva tendencia en la Ciudad de Buenos Aires

El ritmo de vida estresante que gran parte de los argentinos llevamos y los consejos sobre cómo cuidar nuestra salud influyeron, con la llegada del nuevo siglo, para conformar un fenómeno en ascenso: la actividad deportiva luego de la jornada laboral.

A su vez, la necesidad de realizar actividades físicas al aire libre, más el positivo aporte para la educación del cuerpo que pueden ofrecer los entrenadores personales, hicieron posible que los Profesores de Educación Física encontraran una veta más que redituable a su desempeño profesional.

Desde hace varios años, al caer la tarde en la Ciudad de Buenos Aires, los “espacios verdes” se convirtieron en los lugares elegidos para la práctica deportiva, ya sea de manera individual o grupal. Por ello, en los parques ubicados en el barrio de Palermo, es habitual encontrarse con estos personajes que dedican su tiempo a tratar de liberar las tensiones post-laborales y mejorar la calidad de vida.

Realizar actividades físicas luego de la jornada laboral y al aire libre, es una tendencia que se incrementó en los últimos años. Ir a galería de imágenes.

Los profesores de Educación Física arman grupos reducidos (no más de diez personas) para salir a correr al aire libre, sentirse mejor con su cuerpo y disfrutar de lo que resta del día. Los clientes son claramente identificables: clase media y alta; y su objetivo es mantener una buena forma física, más aún cuando se acercan las estaciones de calor. Según el Profesor de Educación Física Diego Davide, quién también se desempeña en la Escuela del Jockey Club de San Isidro: “Ninguno es un principiante en el tema, sino que quienes eligen esta modalidad de actividad deportiva lo hacen para perfeccionar lo que alguna vez practicaron con más fluidez en su juventud”. La edad también es un patrón común entre los clientes y “varía en la franja desde los treinta a los cincuenta años” explica María De cristófaro, profesora desde hace 5 años. Además hay una paridad entre el sexo masculino y el femenino. Los instructores llegan a a los interesados a través de los planes presentados por los gimnasios, por el contacto con padres, en colegios privados donde suelen dar clases a sus hijos, y como nueva tendencia “se está desarrollando el uso de redes sociales, que brinda Internet, para armar nuevos grupos de entrenamiento”, comenta Leonardo Ornello, quien también es profesor de fútbol.

Las zonas más concurridas para la práctica deportiva nocturna son los bosques de Palermo y toda la franja verde que se encuentra sobre las avenidas Libertador y Figueroa Alcorta (Plaza Uruguay, Chile y Alemania), sectores cómodos por su gran amplitud.




Ver Bosques de Palermo en un mapa ampliado

De esta manera, los instructores, ocupan sus días con varios trabajos a la vez. Su perfil es bien marcado: títulos de nivel terciario o universitario, profesores de escuelas privadas y de clubes, especializándose en preparación física, fútbol, tenis y gimnasia aeróbica.

Los vagones del ramal Once-Moreno, son descuidados por los usuarios

Los vagones de los trenes se encuentran en muy mal estado. Los usuarios son en gran medida culpables. La limpieza se realiza en pocos minutos.

El mal funcionamiento de las líneas férreas en Argentina, no es una noticia nueva, y menos que menos una primicia. A partir de la falta de inversión en el transporte público de las últimas décadas, las privatizaciones no controladas y la falta de educación promedio en la ciudadanía de nuestro país, repercuten sin lugar a duda en los vagones de los trenes.

La demanda del transporte en la hora pico en las estaciones centrales del ramal Once-Moreno, reduce el tiempo para realizar la limpieza eficiente en los vagones. Es más, el tiempo que el tren esta detenido en las estaciones Once o Moreno, es entre siete y doce minutos, un lapso mínimo, al cual el personal de limpieza reconoce como insuficiente y sólo les permite higienizar entre cuatro o cinco vagones.

Además de la escasa pulcritud de los usuarios, los destrozos están a la vista; se vislumbra claramente con: la falta de ventanas, asientos arrancados, puertas descarriladas, y estantes o paneles fuera de lugar. Esto se da principalmente por actos de vandalismo, pero no son los únicos culpables, sino que también los usuarios patean puertas, rompen fluoresentes, arrancan la cobertura de los asientos, entre los actos más comunes.




Los trenes fueron privatizados en la década de los 90, durante el gobierno de Carlos Saúl Ménem, y desde ese momento hasta el día de la fecha, han atravezado muchos conflictos tanto gremiales como sociales. Y esto es consecuencia directa de la falta de inversiones privadas, controles estatales ausentes y la falta de compromisos de los usuarios, que hacen que el transporte que conecta el oeste de la provincia de Buenos Aires con la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, no satisfaga las necesidades mínimas y básicas que tienen que cumplir.

En fin, el estado actual es debido a un conjuntos de descuidos de la sociedad y malas direcciones empresariales. La realidad marca que la sociedad Argentina está fuera de rumbo en varios aspectos que hacen a ella, y uno de estos es la pulcritud y mantenimiento de un vagón de tren. Para que ésto cambie, los usuarios y los directivos de las empresas tienen que dejar de lado sus diferencias y hacer un esfuerzo para mejorar esta situación.

La Confitería del Molino sigue a la espera de una recuperación

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En pleno centro de la ciudad, el deterioro de la añorada Confitería del Molino espera en silencio poder volver a recibir a los que alguna vez se asombraron por su belleza. Es que el Molino, fue más que un simple café, fue epicentro de debates políticos, pasarela de grandes figuras y anfitrión de más de un romántico encuentro.



En 1850, funcionaba en la esquina de Federación y Garantías (actualmente Rivadavia y Rodríguez Peña) la “Confitería del Centro”, inaugurada por Constantino Rossi y el prestigioso pastelero italiano Gaetano Brenna. Sin embargo, la presencia del primer molino harinero que se instaló en la zona sirvió de punto de referencia y provocó el cambio de nombre por el de "Antigua Confitería del Molino". Daniel Balmaceda, periodista e historiador cuenta cómo llegó a su actual ubicación: “Al iniciarse en 1906 la construcción de la Plaza del Congreso, los negocios de los alrededores fueron remodelados, con vistas a los festejos del Centenario”. La Confitería del Molino se construyó entre 1914 y 1917 en la esquina de Rivadavia y Callao, y estuvo a cargo del arquitecto italiano Francesco Teresio Gianotti, haciéndola un ejemplo de la arquitectura del estilo "art nouveau". Balmaceda remarca su importancia en aquél entonces: “No era una confitería para la sociedad, la gente solía ir a la Richmond o al Plaza, pero en la Confitería del Molino había una gran cantidad de intelectuales jóvenes, y muchos políticos, por su cercanía al Congreso. Alfredo Palacios y José Ingenieros, habitués comensales, se deleitaban con el marrón glacé y el panettone de castañas, especialidad de la casa. “Sí formaba parte del circuito turístico, pero no era la favorita de la sociedad de ese entonces. Cuando una visita relevante llegaba al país, como el Príncipe de Gales en 1927, se la hacía conocer”, rescata el historiador.



Con el golpe de estado de 1930 perdió ese gran protagonismo. “La revolución de septiembre de ese año hizo que sea destrozada, ya que desde los pisos de arriba de la confitería le disparaban a los policías, y para tomar esa parte del edificio ingresaron violentmente por la confitería”.

Luego de ser reconstruída, en 1938 falleció Brenna, y el negocio pasó por varias manos, hasta que los nietos de Cayetano Brenna compraron la confitería y, con algunas modificaciones (incluyen un salón bar y un mostrador para comidas rápidas, siempre respetando la arquitectura del edificio), logran mantenerlo, hasta 1997, cuando fue cerrado definitivamente al público.



Varias confiterías históricas de la ciudad fueron reconstruídas, como el Café de los Angelitos o la Confitería Las Violetas, pero ésta sigue siendo ignorada. Desde hace algunos años, diferentes proyectos en la Legislatura Porteña y la Cámara de Diputados han abordado el deterioro de la confitería. Ahora desde la Unión Cívica Radical proponen crear un centro cultural que llevaría el nombre de Raúl Alfonsín. Por su parte, la Coalición Cívica también impulsa un proyecto para expropiar el subsuelo, las dos primeras plantas del edificio y también el nombre.

“Sé que hay problemas con la sucesión de gobiernos, no se sabe quién se hace cargo. El presupuesto para su reparación es muy elevado y lo siguen posponiendo. El Gobierno de la Ciudad debe acordar con los dueños para ver qué parte pone cada uno”, remata Balmaceda.



Por cada teléfono público hay casi 370 celulares

Según datos de este año hay un teléfono público por cada 296 habitantes en el país, mientras que existen 50 millones de líneas activas de celulares.

Hace un tiempo no pasaban desapercibidos. Los cambios en su diseño, sus colores o sus aparatos eran una novedad importante. Ni hablar de lo que fue el paso del uso de cospeles al de una tarjeta, poco querida y dejada de lado para finalizar funcionando solo con monedas. Pero hoy, los teléfonos públicos están en las calles solitarios y grises, dañados y sucios. Apenas sirven como propaganda de algún producto nuevo o algún servicio que ofrecen agraciadas señoritas con nombres ocurrentes.

En la actualidad, hay 136.825 teléfonos públicos en todo el país, de los cuales 4.790 se encuentran en la Ciudad de Buenos Aires, según datos publicados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) en su página oficial. Esto implica que cada 296 habitantes, se dispone de sólo uno. Este número va en decrecimiento: existen 28.007 aparatos menos en relación a 2008. Por otra parte, la consultora Investigaciones Económicas Sectoriales (IES) informa que hay más de 50 millones de líneas activas de celulares, lo que representa la otra cara del fenómeno.

Sumado al exponencial crecimiento de líneas de celular están los varios miles de usuarios que eligen los locutorios y el índice de vandalismo que promedia el 18% - según cifras del Centro de Educación al Consumidor (CEC) -, es decir que 18 de cada 100 teléfonos públicos requieren reparación mensual por roturas, hurtos y trabas intencionales. “No sólo por los riesgos en cuanto a seguridad, sino también por los ruidos molestos que se escuchan en la calle que hacen imposible tener una conversación fluída”, explica en relación a otra de la causas, María Marta Arocena, vecina de Palermo.

Más allá del usuario, existe el negocio detrás del servicio. Según datos de Telefónica Argentina publicados en un artículo del diario La Nación en 2009 el 94% de la planta de teléfonos públicos no cubre sus gastos operativos, que ascienden a $ 2,5 millones mensuales. La misma nota describe que sobre la base de uno de los operadores de la antigua red de Entel, el tráfico cayó el 45% entre 2004 y 2008.

A pesar de la continua destrucción de aparatos o la ausencia de su demanda, estos seguirán estando a lo largo del país mientras exista una ley que determine que deban existir un mínimo de 52.000 líneas públicas, entre equipos en la vía pública y locutorios.

Interna Caliente

Hasta 2009 las estadísticas tendientes a informar sobre esta temática estaban a cargo del departamento de recuento de información de la Comisión Nacional de Comunicaciones (CNC). Tras una serie de conflictos políticos internos, entre funcionarios jerárquicos de este ente y el INDEC, por supuesta manipulación de datos, el recuento pasó automáticamente a manos del polémico organismo estatal que desde hace cuatro meses no brinda información al respecto, según indicaron a Cátedras Abiertas fuentes de la CNC.




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